Artículo de James R. Hesse, consultor del Programa de Asistencia del Departamento Anti-Terrorismo del Gobierno de EEUU y consultor de la Organización Internacional para la Migración; y de Charlie Stevens, miembro del Comité Editorial de Documentos e Identidad.
Costa Rica, por ejemplo, preocupado por ser utilizado como ruta
para la droga y traficantes de personas, se vio desbordado por
millones de trabajadores ilegales en búsqueda de sus servicios
sociales, por lo cual ha instituido recientemente un nuevo
documento de identidad anti-falsificación para extranjeros
residentes legales.
Esto ilustra una respuesta a un reto universal. En los viajes
internacionales, el funcionario de inmigración de un país está
obligado a hacer un juicio sobre la base de un documento expedido
por otro país, sobre el cual él no tiene jurisdicción. Y con los
avances tecnológicos en fotocopias, escaneo e impresión, se han
vuelto fáciles de falsificar los documentos internacionales de
viaje o alterar documentos auténticos para hacerlos utilizables por
una persona distinta a la cual se le emitieron originalmente. En
este sentido, los gobiernos y otros emisores de documentos de
identidad y viaje son dignos de felicitaciones por la introducción
de tecnologías biométricas en dichos documentos, lo cual aporta una
mejora a la seguridad en general.